miércoles, 26 de septiembre de 2012


Yo sé que no es fácil
querer
a los cincuenta
a los sesenta.
Aunque uno se mienta
los años que trae.

Es un querer de aliento corto,
como patio de corredor
de apartamentos,
porque  ya no queda lugar
para acomodar otra maceta.

A lo sumo, con dolor,
cambiar el aparador
para la pared más seca,
pero cambiar el corazón
como se da vuelta un colchón
es cosa seria,
porque la vida vivida
se enquista
en las articulaciones
y en algún cajón de amargura
en el fondo del ropero;


cuando no se quiere adivinar,
y vivir es como caminar
pisando baldosas flojas
por una vereda cualquiera
de Montevideo.

                           John Doe

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