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lunes, 25 de agosto de 2014
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martes, 15 de abril de 2014
lunes, 14 de abril de 2014
viernes, 10 de enero de 2014
LAS INFLUENCIAS LEJANAS
Cuando en mayo de 1811 se produce en Buenos Aires el golpe de estado que provoca la renuncia del virrey Cisneros y determina el cambio de dominio de las rentas portuarias, se invocaron como razones “los intereses de Fernando VII”.
El Virrey depuesto, representante de los Borbones, también aducía defender los mismos intereses.
Un año más tarde, Elío, virrey en Montevideo, se oponía a la Junta porteña, abrogándose la defensa de los intereses del mismo rey y, cuando José Artigas le pone sitio a la ciudad-puerto, dos días después de la batalla de Las Piedras, también invoca a Fernando VII.
“…dirigido este ejército por las órdenes de aquel Superior Gobierno (la Junta porteña), él es el órgano por donde sólo pueden hacerse cesar sus operaciones.
La causa de los Pueblos no admite, Señor, la menor demora (…) Este Ejército concluirá en breve la obra en que se halla tan adelantado. V.S. hará apurar la copa de las desgracias a esos habitantes si no resuelve que sea reconocida la autoridad de la Excelentísima Junta… para conservar los dominios de nuestro augusto soberano el Señor Don Fernando VII.
José Artigas
(Archivo Gral. De la Nación Argentina, Gobierno Nacional, 1811. Ejército del Norte y Banda Oriental, Sección X Caja 3 Archivo 2 No. 4, Legajo No. 3, Folio 163)
Si todos “defendían los intereses de Fernando VII”, entonces ¿quién era el enemigo? ¿Quién era ese rey?
Fernando VII era hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma. Los que gustan de la pintura los habrán visto retratados junto a su prole por Francisco de Goya y Lucientes. Él era un hombre grande pero de poco carácter; ella, en cambio, era muy dominante.
“Fue una mujer de talento, nacida para dominar, sólo que no sabía dominarse a sí misma. Impulsada por la lascivia que la llevaba a romper con las más elementales exigencias de dignidad y decoro, dio a España un doloroso ejemplo de conducta”.
(“La Banda Oriental en la lucha de los Imperios”, tomo 1, volumen 2. José C. Williman y Carlos Panizza, Montevideo, 1998, pag. 48)
A sus 41 años (ya había engendrado 13 hijos: tuvo 14, y 24 partos) tomó como amante a Manuel Godoy, de 24 años, en forma pública y notoria, al que, en pocos meses de 1792 llevó de simple Sargento de Milicias a Jefe de Gabinete y Ministro de Relaciones Exteriores.
Fernando, príncipe de Asturias, odiaba a su madre y a Godoy tanto como ellos lo odiaban a él, lo que lo impulsa a un golpe de estado contra sus padres. La invasión de Napoleón lo obliga a deponer su corona y entregársela al invasor, quien le da como vivienda obligatoria el castillo de Navarra con una renta de 1:100.000 francos.
(“La Banda Oriental en la lucha de los Imperios…… pag. 51)
Lo que no se condice mucho con la imagen de que estaba “preso” por los franceses.
¿Cómo era Fernando VII?
“La ambición le inspiraba a empresas criminales, la cobardía le precipitaba a tremendas humillaciones, el temor lo arrastraba a terribles felonías. Fernando conspiró contra sus padres, a quienes arrebató el trono. Pidió la mano de Lolotte, hija de Luciano Bonaparte, a Napoleón. Felicitó a Napoleón por sus éxitos militares en España. Denunció a sus cómplices cuando el proceso de El Escorial, y mendigó después el perdón de sus padres. Traicionó a sus ministros, mandó encarcelar y ahorcar a muchos que habían luchado por su regreso y engañó a quien pudo”.
(Tristan La Rosa: “España Contemporánea Siglo XIX, 1972, pags. 62 y 63)
Cabe aclarar que entre los “muchos que habían luchado por su regreso” y que fueron traicionados y ahorcados, se encontró el Virrey Elío, quien defendió en nombre de Fernando a Montevideo de Artigas y de las ambiciones de Carlota Joaquina, esposa del rey Juan VI de Portugal y …hermana de Fernando.
Felizmente para nosotros, cuando los fernandistas de Montevideo (Elío) y los de Buenos Aires se ponen de acuerdo en levantar el sitio y abandonar a su suerte a los orientales, éstos se reúnen en la Quinta de la Paraguaya y eligen como conductor a uno de ellos, a don José Artigas. Para gobernarse, no se ponen bajo la protección de nadie: ni españoles, ni porteños, ni portugueses, ni ingleses. Y más escandaloso, todavía, porque los nombramientos, hasta entonces, se hacían desde las alturas hacia abajo. Los reyes lo eran “por la gracia de Dios” (o sea que Dios los ponía en ese lugar) y ellos elegían a marqueses y condes y duques y ministros y alcaldes.
Apenas siete años y medio antes, Napoleón se hizo nombrar Emperador. Pero las autoridades competentes, con miedo y todo, sabían que éste no era “elegido de Dios” porque su padre no era rey sino un vulgar campesino y por lo tanto vacilaron para ceñirle la corona, cosa que resolvió el propio Napoleón coronándose él mismo.
Habría que guardar memoria de aquel 10 de octubre de 1811 como fecha fundadora de una nación que quería serlo, sin más ley que el reconocimiento de la pertenencia a esta tierra y el sentimiento de vecindad, de parentesco, de auxilio mutuo, de solidaridad, frente a la indiferencia, a la hostilidad, al desprecio- y a la traición- de los de afuera.
Con eso, le dijeron al mundo Ninguno de ustedes sirve para gobernarnos: eso lo elegimos nosotros de entre nosotros.
Hugo Bervejillo
Un simple papel
Qué poca cosa es un papel en una casa! Un simple papel, un papel escrito. Y mucho menos, un papel en el mundo, compitiendo con millones de toneladas de otros papeles. Sin embargo, algunos de ellos tienen el poder de cambiar las cosas, cambiar los conceptos, cambiar la historia. Y desautorizar a otros papeles anteriores. Papeles terribles, papeles ocultos.
Pero esencialmente, un simple papel.
Desde hace años, Estados Unidos viene desclasificando documentos de diversa índole, que fueron en su momento, papeles secretos. No todos nos llegan, porque hay organizaciones ávidas de estudiarlos para encuadrarlos en su momento histórico, para explicar mejor lo que antes no se podía explicar, porque no se sabía que existía.
Algunos papeles nos llegan después de muchos años, cuando ya están debidamente asociados a otros papeles, y entonces nos cuentan una historia.
En 1922 el señor Averell Harriman viajó de Nueva York a Berlín, y allí fundó con socios norteamericanos y alemanes la UBC (Union Banking Corporation). Dos años después, estableció una sucursal en Manhattan, celebrando, al mismo tiempo su asociación con el Bank voor Handel, empresa de la familia Thyssen, de Holanda. Esta asociación de bancos proveería de fondos a empresas alemanas en expansión. Su presidente fue George Walker, y el vicepresidente, su hijastro Prescott Bush. También figuraba como accionista Sam Bush, padre de Prescott. Este Banco pasó a integrar un grupo más grande- un emporio financiero-, que fue la German Steel Trust, organizada por Clarence Dillon, de Wall Street, que creía en el porvenir industrial alemán.
(Prescott Bush pidió la mano de la hija de su Presidente Walker- Dorothy- y se casó con ella)
Esta empresa fue la que en definitiva financió el ascenso y consolidación de Adolf Hitler. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la UBC proveía de combustibles, armas y municiones al ejército alemán y también de combustible al ejército ruso, cuando el terrible invierno les cortaba algunas vías de comunicación.
Prescott Bush tenía un hijo de 18 años- George Walker, por el padrastro y suegro de Prescott-, que entrenaba como piloto naval, pero encontró la manera de que evitar su envío al frente de batalla.
También la UBC tentó instalarse en Wall Street y sus abogados fueron los hermanos Allen y John Foster Dulles, que más tarde fue Secretario de Estado.
En octubre de 1942- en plena guerra-, el gobierno de Estados Unidos (era Presidente Franklin D. Roosevelt), ordenó la confiscación de todos los bienes de la UBC. El documento decía:”Todas las acciones son propiedad de la familia Thyssen y su propiedad nacional (…) de un país enemigo”, pero se permitió negociar sus acciones a los socios norteamericanos, y ésta fue la parte oculta de la historia. No era necesario que perdieran dinero.
Terminada la guerra, Foster Dulles le dio una mano a Prescott Bush, y éste pudo acceder a una banca en el Senado, desde donde empezó a instruir para la carrera política- y también para el negocio de la guerra- a su hijo George Herbert Walker Bush, aunque, por haber fallecido en 1972, no llegó a verlo como Director de la CIA (en 1976), ni tampoco como Presidente (en 1989).
Éste- fundador, a su vez, de una compañía petrolera- llevó a su país a la Guerra del Golfo, para apropiarse de otros pozos petrolíferos-, pero siguiendo la tradición familiar, evitó que su propio hijo- George Walker- fuera enviado al frente de batalla, aunque sí alcanzó a verlo convertido, a su vez, en el 43er. Presidente de los Estados Unidos (en 2001) organizando sus propias guerras.
A todo esto condujo un expediente desclasificado.
Un simple papel.
Un simple papel
Qué poca cosa es un papel en una casa! Un simple papel, un papel escrito. Y mucho menos, un papel en el mundo, compitiendo con millones de toneladas de otros papeles. Sin embargo, algunos de ellos tienen el poder de cambiar las cosas, cambiar los conceptos, cambiar la historia. Y desautorizar a otros papeles anteriores. Papeles terribles, papeles ocultos.
Pero esencialmente, un simple papel.
Desde hace años, Estados Unidos viene desclasificando documentos de diversa índole, que fueron en su momento, papeles secretos. No todos nos llegan, porque hay organizaciones ávidas de estudiarlos para encuadrarlos en su momento histórico, para explicar mejor lo que antes no se podía explicar, porque no se sabía que existía.
Algunos papeles nos llegan después de muchos años, cuando ya están debidamente asociados a otros papeles, y entonces nos cuentan una historia.
En 1922 el señor Averell Harriman viajó de Nueva York a Berlín, y allí fundó con socios norteamericanos y alemanes la UBC (Union Banking Corporation). Dos años después, estableció una sucursal en Manhattan, celebrando, al mismo tiempo su asociación con el Bank voor Handel, empresa de la familia Thyssen, de Holanda. Esta asociación de bancos proveería de fondos a empresas alemanas en expansión. Su presidente fue George Walker, y el vicepresidente, su hijastro Prescott Bush. También figuraba como accionista Sam Bush, padre de Prescott. Este Banco pasó a integrar un grupo más grande- un emporio financiero-, que fue la German Steel Trust, organizada por Clarence Dillon, de Wall Street, que creía en el porvenir industrial alemán.
(Prescott Bush pidió la mano de la hija de su Presidente Walker- Dorothy- y se casó con ella)
Esta empresa fue la que en definitiva financió el ascenso y consolidación de Adolf Hitler. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la UBC proveía de combustibles, armas y municiones al ejército alemán y también de combustible al ejército ruso, cuando el terrible invierno les cortaba algunas vías de comunicación.
Prescott Bush tenía un hijo de 18 años- George Walker, por el padrastro y suegro de Prescott-, que entrenaba como piloto naval, pero encontró la manera de que evitar su envío al frente de batalla.
También la UBC tentó instalarse en Wall Street y sus abogados fueron los hermanos Allen y John Foster Dulles, que más tarde fue Secretario de Estado.
En octubre de 1942- en plena guerra-, el gobierno de Estados Unidos (era Presidente Franklin D. Roosevelt), ordenó la confiscación de todos los bienes de la UBC. El documento decía:”Todas las acciones son propiedad de la familia Thyssen y su propiedad nacional (…) de un país enemigo”, pero se permitió negociar sus acciones a los socios norteamericanos, y ésta fue la parte oculta de la historia. No era necesario que perdieran dinero.
Terminada la guerra, Foster Dulles le dio una mano a Prescott Bush, y éste pudo acceder a una banca en el Senado, desde donde empezó a instruir para la carrera política- y también para el negocio de la guerra- a su hijo George Herbert Walker Bush, aunque, por haber fallecido en 1972, no llegó a verlo como Director de la CIA (en 1976), ni tampoco como Presidente (en 1989).
Éste- fundador, a su vez, de una compañía petrolera- llevó a su país a la Guerra del Golfo, para apropiarse de otros pozos petrolíferos-, pero siguiendo la tradición familiar, evitó que su propio hijo- George Walker- fuera enviado al frente de batalla, aunque sí alcanzó a verlo convertido, a su vez, en el 43er. Presidente de los Estados Unidos (en 2001) organizando sus propias guerras.
A todo esto condujo un expediente desclasificado.
Un simple papel.
UNA DISTRACCIÓN
El 18 de julio de 1863 el coronel uruguayo ( y general argentino, al servicio de Bartolomé Mitre) Venancio Flores partió del puerto de Tigre en un buque de guerra argentino (el “Caá Guazú”), con armas y municiones argentinas, y despedido por Gelly y Obes, ministro mitrista, según cuenta Luis A. De Herrera.
Apenas desembarcados, se le suman grupos de entrerrianos, santafesinos y riograndenses, pero todos lucen divisa colorada, partido al que pertenecía Flores, y en las proclamas se protestan vagas razones religiosas y la venganza por el fusilamiento del general César Díaz y otros, en Quinteros, cinco años atrás, como una ofensa a la divisa.
En realidad, cuando se produjo ese hecho (Díaz había llegado a Montevideo también procedente de Buenos Aires y su intento motinero necesitaba apoyo y tropas), Flores le dio la espalda: trabajaba en una estancia de Urquiza, en Entrerríos y se llamó a silencio. Sucede que Díaz no era colorado neto sino conservador, y no consultó a nadie para invadir.
Pero ahora era el momento de unificar a los colorados, dispersos tras caudillos menores.
Desde su desembarco hasta el el 18 de junio de 1864- casi un año- Flores deambuló por la campaña sin presentar combate, esperando que sus mentores- Mitre, presidente argentino, y detrás de él Edward Thornton, embajador de Inglaterra en Argentina- redujeran al gobierno electo uruguayo de Aureliano Berro, y al que le sucedió, de Atanasio Aguirre.
Ese 18 de junio, en Puntas del Rosario, se reunieron en el campamento florista los representantes de Inglaterra, Argentina, y Brasil- con el agregado de Andrés Lamas, sugestivamente designado y respaldado por Brasil como representante uruguayo-, y firmaron un acuerdo de alianza, documento que, más afinado en sus pretenciones, se convertiria no mucho después en el Tratado de la Triple Alianza.
Con las espaldas cubiertas por la diplomacia de hierro de sus nuevos socios, el colorado Venancio Flores avazó. Pasó por Florida, derrotó a la exigua guarnición, y ya triunfante, hizo fusilar al mayor Párraga, jefe del destacamento, a título de que era “blanco”. Lo cuenta Luis A. De Herrera.
Llega a Paysandú y le pone sitio lejano, pero no ataca: espera. No obstante la defensa de Paysandú está a cargo de un grupo reducido de soldados, Flores no quiere sorpresas, y espera. ¿Qué espera? Que lleguen las cañoneras ofrecidas por Brasil como parte del pacto.
Cuando éstas llegan, al mando del almirante Tamandaré, cañonean la ciudad con la seguridad de que los tiros de la defensa están fuera de rango para alcanzarlos. Entonces- sólo entonces- el colorado Venancio Flores ataca.
La resistencia fue heroica, en muy buena medida por la decisión del comandante a cargo, el coronel Leandro Gómez, de no rendir la plaza.
Si todo aquello había empezado como un motín colorado, ahora era una invasión extranjera, y Leandro Gómez, más – mucho más- que defender a un gobierno “blanco”, estaba defendiendo un gobierno libremente electo, constitucional, independiente, y con derecho a la autodeterminación.
Por lo mismo, situarlo como un héroe “blanco” es reducir su talla: es un héroe nacional. Sin banderías.
Por lo menos para los que creen en las constituciones.
Cuando finalmente cayó Paysandú, un oficial brasileño – de Oliveira- le solicitó la rendición y recién entonces- ya no había nada con qué combatir-, Gómez se entregó. Brasil le respetaba la vida por su defensa extraordinaria.
Y ahí salió al paso el mayor colorado José Gregorio Suárez (a) el Goyo Jeta, que lo arrebató a la jurisdicción brasileña y lo hizo fusilar, con un pelotón al mando del capitán Barrionuevo (a) el Indio Belén. A él y a cuatro oficiales más.
Innecesariamente. Cobardemente. Con responsabilidad única del Partido Colorado.
Tanto es así que el canciller Paranhos denunció el fusilamiento en el Parlamento de Brasil y -ya que eran socios del nuevo gobierno dictatorial uruguayo- pidió que se hiciera castigar a Suárez por esa ignominia.
Y el “castigo” que le impuso Venancio Flores fue ascenderlo a coronel.
Lo cuenta Luis A. De Herrera.
Por eso soprende que -hace pocos días, con motivo de un nuevo aniversario de aquellos acontecimientos-, recordando la gesta del coronel Leandro Gómez en Paysandú, los representantes del Partido Nacional que hicieron uso de la palabra no mencionaran el protagonismo criminal que tuvo entonces el Partido Colorado.
Con el coronel Gómez y con todo el país.
LA INDUSTRIA Y/O LA VIDA
La última nueva ola de protestas tiene que ver con la minería a cielo abierto. Como en la viejas olas anteriores, las consecuencias serían nefastas a escala planetaria y la contaminación dejaría al país- y a la región y al mundo- postrados e improductivos por decenas o centenas de años. Una condena bíblica.
Antes, la condena fue a las empresas productoras de pulpa de papel, y los estertores paroxísticos todavía perduran en algún grupo de argentinos que creen ver ya los síntomas de mutaciones en hijos, sobrinos, nietos o simplemente vecinos. Otras plantas productoras de pulpa de papel, sobre el río Paraná, que fabrican el Papel Prensa con que se nutren Clarín y La Nación, - y que hace cincuenta años que contaminan el río-, jamàs fueron apreciadas, juzgadas o condenadas, lo que no quita que tambièn uruguayos vieran de este lado del río que la contaminación nos convertiría en zombies.
Sin embargo, el posible ver que todas las oficinas -argentinas y uruguayas- usan papel: todos los Bancos, todos los comercios. Funcionan todas las fotocopiadoras del país, todas las fiambrerías embalan productos en papel, se siguen imprimiendo libros- macionales y extranjeros-, agendas y almanaques, y hasta es posible constatar el uso habitual del papel higiénico- nadie ha renunciado a su uso, no obstante la condena de contaminación-.
Si la pulpa de papel- de la cual derivan todos los papeles es contaminante y no la queremos aquí, ¿por qué aceptamos que estén en otros países y además hacemos uso de ese papel maldito, llenando las arcas de los industriales criminales?
Si es malo en nuestro país, ¿por qué es aceptable en otros?
¿Por qué es aceptable la contaminaciòn en otros países?
Esto lleva a preguntarnos ¿qué industria NO es contaminante?
Uruguay todavía tiene industria productoras de cemento, y los operarios sufrieron desde siempre afecciones pulmonares derivadas de su contacto, como consecuencia fatal. Pero Nadie en este país manifestó contra la producción de cemento, ni menos, dejó de hacerse su casa con ese material.
Ni la propia ni la del balneario, pudiendo hacerlo.
Derivada de la anterior, tuvimos una industria del fibrocemento, que se demostró era cancerígena. Nadie manifestó ni se quejó jamás. Antes bien, quien pudo hacerlo techó casas y galpones, porque era más econòmico que una planchada.
Fue y es contaminante en alto grado la industria metalúrgica, con sus gases;la industria de la curtiembre, con las sustancias tóxicas que se les aplican y sus derivados por el alcantarillado; la industria frigorífica- nadie recuerda el saldo lamentable de obreros que envejecieron prematuramente con los huesos "quemados" por el frío de las cámaras-, el transporte público y de carga, que envenena el aire de las avenidas;las grandes imprentas, con su vertido tóxico y nauseabundo- y pongo por testigos a los que inhalaron por años los efluvios de la vieja IPUSA en la Chacarita de los Padres-.
Pero nunca nadie protestó contra ésto.
Todas las industrias contaminan.
Pero todas las industrias dieron trabajo, de ese trabajo se formaron barrios aledaños, de allí se formaron sindicatos, y todo eso formó hasta una mistica del trabajador, del obrero. Y bien, ¿por qué, entonces, son inaceptables las papeleras y la minería a cielo abierto?
Los detractores profetizan empobrecimiento de la tierra, su improductividad por luengos años, la extranjerización y la desvalorización de la hectárea. Y de eso se hacen eco redes sociales y ecologistas de Montevideo.
Francamente por mucho que me estrujo el cerebro no alcanzo a imaginarme a vecinos de La Teja, el Cerro, Maroñas, Palermo, Brazo Oriental, Colón, Sayago o Malvín hondamente preocupados porque no van a poder adquirir en los próximos ochenta o cien años, estancias en Pirarajá, Mansavillagra, Aiguá, Barriga Negra, El Carmen o Conchillas.
No percibo que la desvalorización de la hectárea afecte a cajeras de supermercado, guardias de seguridad, cuentapropistas, vendedores ambulantes, profesores de secundaria, maestras, enfermeros, empleados pùblicos. Tampoco el empobrecimiento de la tierra. No está dentro de sus expectativas ni les condiciona la vida. No les urge resolver ese dilema ni los quema la amenaza.
A quien sì afecta es a la ganadería.
La afecta la improductividad, porque ahí comen sus vacas, la afecta la rentabilidad de la tierra, porque de ello vivirán sus herederos, y el espacio para el apacentamiento de su ganado.
Y hete aquí que esa industria- la ganadera- fue la industria más altamente contaminante de toda la historia del país. Según lo demostraron lúcidamente Barrán y Nahum, la ganadería extensiva desplazó- a su pesar y sin elección posible- a los pobladores rurales pobres del campo a la ciudad. A una ciudad- cualquiera fuese- que no estaba preparada para recibirlos, que no tenía trabajo ni alojamiento para todos los que llegaban, y que por ello generó, en los márgenes de las ciudades, los pueblos de ratas, los cantegriles, los asentamientos: caldo de cultivo de la delincuencia, empujados por la pobreza.
Eso cambió radicalmente al país, y para peor. Generaciones de compatriotas fueron expulsados de su lugar de nacimiento para mayor gloria de la ganadería, que a su vez generó una aristocracia con reglas propias al margen de las leyes del país, fundados en su poderío económico, aristocracia que fija el precio de su ganado según parámetros internacionales y que aplica según su provecho al ambito nacional para no perder rentabilidad. Esperen, uruguayos, que se aproximen las fiestas de fin de año y verán cómo el precio de la carne sube mágicamente simplemente porque hay mayor demanda.
La contaminación los afecta porque pierden tierras y se desmejoran sus razas productoras. Pero no conozco que haya habido nunca- ni menos ahora- manifestaciones de protesta por la ganadería ni por el daño que le ha hecho al país. Gente- quizás bienintencionada- que les haga los mandados-, sí.
La tontaminación se expande.
domingo, 5 de enero de 2014
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