viernes, 10 de enero de 2014

UNA DISTRACCIÓN El 18 de julio de 1863 el coronel uruguayo ( y general argentino, al servicio de Bartolomé Mitre) Venancio Flores partió del puerto de Tigre en un buque de guerra argentino (el “Caá Guazú”), con armas y municiones argentinas, y despedido por Gelly y Obes, ministro mitrista, según cuenta Luis A. De Herrera. Apenas desembarcados, se le suman grupos de entrerrianos, santafesinos y riograndenses, pero todos lucen divisa colorada, partido al que pertenecía Flores, y en las proclamas se protestan vagas razones religiosas y la venganza por el fusilamiento del general César Díaz y otros, en Quinteros, cinco años atrás, como una ofensa a la divisa. En realidad, cuando se produjo ese hecho (Díaz había llegado a Montevideo también procedente de Buenos Aires y su intento motinero necesitaba apoyo y tropas), Flores le dio la espalda: trabajaba en una estancia de Urquiza, en Entrerríos y se llamó a silencio. Sucede que Díaz no era colorado neto sino conservador, y no consultó a nadie para invadir. Pero ahora era el momento de unificar a los colorados, dispersos tras caudillos menores. Desde su desembarco hasta el el 18 de junio de 1864- casi un año- Flores deambuló por la campaña sin presentar combate, esperando que sus mentores- Mitre, presidente argentino, y detrás de él Edward Thornton, embajador de Inglaterra en Argentina- redujeran al gobierno electo uruguayo de Aureliano Berro, y al que le sucedió, de Atanasio Aguirre. Ese 18 de junio, en Puntas del Rosario, se reunieron en el campamento florista los representantes de Inglaterra, Argentina, y Brasil- con el agregado de Andrés Lamas, sugestivamente designado y respaldado por Brasil como representante uruguayo-, y firmaron un acuerdo de alianza, documento que, más afinado en sus pretenciones, se convertiria no mucho después en el Tratado de la Triple Alianza. Con las espaldas cubiertas por la diplomacia de hierro de sus nuevos socios, el colorado Venancio Flores avazó. Pasó por Florida, derrotó a la exigua guarnición, y ya triunfante, hizo fusilar al mayor Párraga, jefe del destacamento, a título de que era “blanco”. Lo cuenta Luis A. De Herrera. Llega a Paysandú y le pone sitio lejano, pero no ataca: espera. No obstante la defensa de Paysandú está a cargo de un grupo reducido de soldados, Flores no quiere sorpresas, y espera. ¿Qué espera? Que lleguen las cañoneras ofrecidas por Brasil como parte del pacto. Cuando éstas llegan, al mando del almirante Tamandaré, cañonean la ciudad con la seguridad de que los tiros de la defensa están fuera de rango para alcanzarlos. Entonces- sólo entonces- el colorado Venancio Flores ataca. La resistencia fue heroica, en muy buena medida por la decisión del comandante a cargo, el coronel Leandro Gómez, de no rendir la plaza. Si todo aquello había empezado como un motín colorado, ahora era una invasión extranjera, y Leandro Gómez, más – mucho más- que defender a un gobierno “blanco”, estaba defendiendo un gobierno libremente electo, constitucional, independiente, y con derecho a la autodeterminación. Por lo mismo, situarlo como un héroe “blanco” es reducir su talla: es un héroe nacional. Sin banderías. Por lo menos para los que creen en las constituciones. Cuando finalmente cayó Paysandú, un oficial brasileño – de Oliveira- le solicitó la rendición y recién entonces- ya no había nada con qué combatir-, Gómez se entregó. Brasil le respetaba la vida por su defensa extraordinaria. Y ahí salió al paso el mayor colorado José Gregorio Suárez (a) el Goyo Jeta, que lo arrebató a la jurisdicción brasileña y lo hizo fusilar, con un pelotón al mando del capitán Barrionuevo (a) el Indio Belén. A él y a cuatro oficiales más. Innecesariamente. Cobardemente. Con responsabilidad única del Partido Colorado. Tanto es así que el canciller Paranhos denunció el fusilamiento en el Parlamento de Brasil y -ya que eran socios del nuevo gobierno dictatorial uruguayo- pidió que se hiciera castigar a Suárez por esa ignominia. Y el “castigo” que le impuso Venancio Flores fue ascenderlo a coronel. Lo cuenta Luis A. De Herrera. Por eso soprende que -hace pocos días, con motivo de un nuevo aniversario de aquellos acontecimientos-, recordando la gesta del coronel Leandro Gómez en Paysandú, los representantes del Partido Nacional que hicieron uso de la palabra no mencionaran el protagonismo criminal que tuvo entonces el Partido Colorado. Con el coronel Gómez y con todo el país.

No hay comentarios:

Publicar un comentario