UN CLÁSICO
Hace años, un estudiante de Preparatorios
del IAVA se despertó una mañana después
de un sueño intranquilo
En pocos días debía rendir Literatura, y quien presidía
la mesa examinadora era un profesor célebre por lo riguroso.
Después de mucho estudiar
(pasaba las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio, de
poco dormir y mucho leer), esa mañana
había jugado al fútbol como distracción.
Ésta es la transcripción de aquel sueño.
CANTO I
1 Canta,
oh, Diosa las consecuencias de aquel banquete de imposible memoria, en el
rururbano barrio de Las Pajas, violador de hombres, que amontona famas como el viento amontona diarios contra un
tejido de alambre, cuando en medio de
las risas y las chanzas producidas por el oscuro y vinoso producto de las
bodegas de Canelones y entre los restos serpentinosos de los tallarines,
sacrificados en honor al dios Domingo, de rubicundo rostro, alguien alzó su
copa y dijo:
8 -“¡Amigos!: sabed que tengo bajo mi
influencia un selecto grupo de atletas altos como abetos y rubios como el trigo
besado por el magnífico sol matutino cuando sale en el cielo límpido de nubes
en las mejores mañanas de diciembre, y de igual manera que el mormaso
caliginoso de verano, este equipo abochorna a cualquier rival que ose
disputarle un encuentro de balompié, sea en la gramilla salvaje de los
dilatados campos demarcados a la cal, o en la
arenosa playa junto al ancho y tormentoso mar, asolador de muelles.
16 Este equipo ha comparado habilidades con
similares combinaciones de hombres
provenientes de otras latitudes, así de la arbolada Buceo de marino aliento,
como del árido Cerrito, en cuarteles abundoso, o del umbrío Prado, regado por
el amarronado y nauseabundo Miguelete, y en todo momento la justicia ha
sonreído a estos hombres de hermoso porte y olímpico linaje, a estos futbolers
de tremolante jopo. Y así como en el caliginoso verano las moscas se amontonan
en torno a los restos de la fruta de la feria, así se amontonan los goles en
los arcos adversarios, resultado invariable y catastrófico hasta que mis hombres deciden romper su orden de
batalla.”
26 Así se expresó. Abstuviéronse de comer todos
los comensales y pronto quedaron todos silenciosos.
28 Pero otro participante del banquete, hermano
de la esposa del que había hablado, y que tenía las entrañas negras de muchos
años de infundados celos, y ofuscado en su corazón por las torpes alabanzas, se
levantó y dijo:
31 -“Cuñado Tito, hijo de Pocho: ¡qué palabras
proferiste! ¡Cómo se nota que tu equipo de colegiales nunca se enfrentó con un
aguerrido y atildado equipo de varones! Así como el mar acumula pequeñas olas
marrones contra la orilla de la playa cuando sopla el viento del sur en las
tormentas de agosto, así acumulaste pavadas sin sentido con fértil imaginación
de niño”.
37 “¿Acaso quieres provocarnos la ululante
carcajada, provocadora de funestos paros cardiorrespiratorios? No te ocultaré
mi pensamiento, para que lo sepas, aunque me mires con torva faz: el equipo de
yo dirijo, todos de jovial linaje, provoca el espanto adonde quiera que
visitemos a los ocasionales y atribulados contrincantes, ya que sus extremidades inferiores están
consagradas desde la cuna a los dioses Obdulio y Nasazzi, y ciñen sus medias en
combate con las ínfulas del dios Míguez, de sorpresivo disparo, y no evitan el turbulento arte del funesto
Marte cuando se enfrentan a los belicosos adversarios del ventoso Capurro, al
Cooper del marginal Carrasco norte, o a
los Pachas del arenoso Malvín. Son innumerables como las estrellas de la
inmensa noche los equipos que nos han visto partir en los camiones de oscuros
toldos, derramando ellos amargas
lágrimas de áspero e impotente rencor, y no pocos los que - después de la
funesta derrota-, escucharon las aladas palabras de la diosa Sabiduría y en
adelante se dedicaron al elegante ballet o al paciente Corte y Confección, como
debería hacer tu equipo desde ya.”
53 Así habló, y otros comensales se carcajearon
con sorna propia de las libaciones y
algunos efectuaron ventosas pullas. Pero quien había hablado en primer término,
con el corazón negro como los restos de
vino en el mantel, le contestó:
57 -“Ah, imprudente y borracho, que diriges un
equipo porque no te atreviste a arriesgar las veloces piernas en el empeñoso
deporte frente a los perniciosos zagueros centrales porque te provocaba la
funesta diarrea, destructora de hombres! ¿Qué dios te ha insuflado el viril
entusiasmo?
Pero, vamos,
ea, enfrentemos nuestros equipos en la bien terraplenada cancha Relámpago el
próximo domingo y sepan todos cuál es el equipo más viril e impetuoso.”
CANTO
U
64 Apenas la divinal Aurora, la de los dedos
rosados, que -se dice- subía al Olimpo a anunciar el día, hubo terminado su
turno de seis horas y se encaminaba de
vuelta a su hogar, aparecieron en la cancha de belicosos pastos los equipos
desafiantes
68 Fue a eso de los veintitrés minutos cuando Donato, hijo de Giacumín de los arrabales de Catanzaro, que había
venido a esta lid después de levantar
cajones de verdura y cortar queso duro a cuchilla en la feria y en la flor de
la edad, se enfrentó a Sixto, de padre desconocido, pero criado por un
portugués en un barrio de calles regadas por aguas verdes de los caños rotos,
compartiendo toda la dieta, menos el vino, con los roncófonos suinos, que
criaba su tutelador.
75 Y
avanzó Donato, el del pecho fecundo en las ferias vecinales para anunciar las
ofertas del día, el más veloz de su barrio para huir con los huevos de tero sin
ser alcanzado por las púas de las alas de los progenitores ,y corrió con
las intrépidas piernas de pedalear para
los mandados, cuando Sixto lo taló levantando el velocípedo pie calzado con
zapatos de vieja data, forrados de cuero de vaca difunta en tiempos de Batlle Berres,
bendito por los goles de Solé en épocas de Schiaffino y Reinaldo Martino,
conservados en armario de roble de larga tradición familiar y no olvidados sino
reverenciados por su prosapia, legendarios por su edad provecta, y amparados en grasa de Vaca, sacrificada en
honor de Abasto, dios de los frigoríficos .
86 Y cayó, Donato, abandonado por los dioses tutelares del equilibrio, y rodó por
el verde suelo, y los dioses del Olimpo ni se dieron por enterados. 88 Después
levantóse, envuelto en negra furia
y descreyó del linaje de quien tenía
enfrente, confundiéndolo con otro, a
quien dirigió estas aladas palabras:
91
-“¡Hijo de Puskas, número 10 del Real de Madrid y anteriormente de la Selección húngara, que
nos ganó en Suiza por 4 a 2 en 1954, dejándonos en el cuarto puesto!”
94 Pero Sixto, viéndose llamado por otro nombre
y atribuida otra prosapia y creyendo que Donato estaba influido por Caos, el
dios de la confusión, trató de despertarlo y cerrando el puño derecho, el de
hacer correr a los roncófonos suinos para hacerse lugar en el chiquero, lo impulsó
contra la cabeza del interpelante, y sobre éste descendió el negro Sueño.
99 Pero a él, a Sixto, acometiólo Manuel, hijo de Higinio, herrero
como Hefestos pero nacido en El Ferrol, a
quien los dioses tutelares le enseñaban el mismo oficio paterno a los
efectos de que algún día se ganara la vida, y cuya popular destreza en entender
las cosas le había ganado el epíteto de Cabeza de Piedra.
104 Y acercóse Manuel como para verlo de cerca y
acertó a golpearlo con su frente de despejar las dudas y fue terrible el choque
y sobre Sixto descendieron las sombras de la noche.
107 Y entonces fue que se allegó Primitivo, hijo de Uberfil, todos de oscuras
facciones y negros ancestros, cuyo linaje se remontaba a las selvas de
Mozambique, pero que, en tiempos remotos se transportaron a América y allí
mezclaron ancestros con portugueses, españoles, charrúas, yaros, bohanes y
guenoas, amén de cabindas, congos, zulúes y yorubas, particularmente del barrio
Palermo y el Puerto Rico.
113 Y se allegó Primitivo, levantó el velocípedo pie de shotear los
tiros libres y los saques de arco y lo dirigió con aviesas intenciones al plexo
solar de Manuel, quien alcanzó a distinguir el vinoso aliento de otros
camaradas de medias transpiradas o sudadas que se acercaban también a felicitar a los rivales de jovial linaje
por su caballerosidad y a separar a quien estuviera ofuscado por alguna contractura ocasional, y a hacerle alguna ofrenda
al dios Vino Potro, homicida de hombres.
120 Entonces intervino la diosa Prudencia,
tomando la forma del Pileta Martínez, valiente en combate contra las morcillas,
sobre todo las saladas, y sacó fuera del campo a Cabeza de Piedra para
reforzarle los diarios que llevaba arrollados a manera de canilleras bajo las
medias
124 Y finalmente, tras celebrar consejo los
dioses y deliberar un rato, se aprobó por tres quintos de los votos enviar en
comisión al dios Empate, quien bajo la forma de lluvia intempestiva y violenta
dispersó a los ejércitos, los transformó en vecinos del barrio, y dejó la
cancha peor que antes.
aeda John Doe
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