MOMENTO TRASCENDENTAL
Holmes Rodríguez Villavicencio
escribió su primer soneto a los nueve años, de una sola vez y para siempre,
rodeado de tres de los más insignes narradores, ensayistas, dramaturgos y
poetas de la generación más renombrada y tenida por la más sublime en los
barrios más cultos y conocedores de Montevideo, es decir, por La Gente Que
Nunca Se Equivoca.
Usó, el niño, una hoja de
papel que le cedió uno de ellos, que era pintor abstracto- impresionado, según
dijo desde entonces, y por años después,
en un reportaje en tevé difundido en horarios centrales, resumen de todo lo
dicho desde entonces en revistas, diarios y semanarios, por la mirada profunda
y luminosa con que la solicitó-, y la
birome que le prestó el otro de los presentes, escultor en hierro y chatarra,
que estaba seguro- como comentó después y para siempre en una entrevista para la tevé europea y que
después fue recogido, ampliado y revisitado en una extensa autobiografía
prologada por cuatro ministros de la Educación y La Cultura- que de allí
saldría- sin lugar a dudas-, una obra maestra.
El tercer integrante de los testigos era el propio
padre de quien después, con el correr de los meses, sería nada menos que
Rodríguez Villavicencio, y en ese
momento siempre recordó- en los reportajes a seis semanarios de la órbita
sudamericana y mundial y también en las reuniones familiares restringidas, es
decir, en aquellas en que podía hablar libremente de su hijo con la seguridad
de que sería cabalmente entendido- que las palabras del futuro escritor fueron Voy a escribir un soneto, así, sin
ripios innecesarios y en presencia de tres
monumentos del arte del país por
padrinos, como si fuera fácil pensarlo, atreverse, decirlo y escribirlo y nada
menos que de un tirón.
Pero tampoco era tan imposible, porque el niño-
poeta era nieto de un Senador y bisnieto de un Diputado.
Demás
está decir que todo esto fue amplio campo de investigación y profundización por
parte de periodistas, profesores y estudiantes y aprendices de locución periodística
y objeto de material para Ensayos sobre El Arte, Los Artistas, Lo Bello, Lo
Profundo, y Filosofía del Arte, hasta formar una vasta Biblioteca que fue, del
mismo modo, vastamente ignorada por las Universidades europeas, no obstante
haber sido llevadas hasta allí por Senadores y Diputados amigos de los padrinos
del niño.
A
menos de tres metros del lugar, en aquel momento mágico, sentada en un puff, estaba la madre, fumando un Malrborough-
como después y hasta su fallecimiento a los
108 años siguió contando cada vez que se lo pedían (y si no también), en
todos los medios de prensa y en todas las conversaciones con quien quiera que
fuese y sin aviso previo-, justo el día en que estrenaba un palazzo color frambuesa y cuando terminaba
de mirar un cuadro de Picasso del
período azul – que no recordaba bien cuál era, dado que ella tenía varios
porque su padre y su abuelo siempre habían sido pintores y habían estudiado con
los más notables Maestros de aquí y de todas partes y ella, de niña, se había
sentado en las rodillas de todos ellos y recordaba, enfáticamente , que todos
ellos eran a- mo- ro- sos, -fue
entonces cuando sintió en el aire como un yoqueséqué y lo miró a su Niño,
porque pensó Nunú va a hacer algo grande ahora. Y que conste que ella lo
llamó siempre Nunú, pero después que él escribió aquel soneto ma-ra-vi-llo-so
solamente se lo decía si era que no había testigos delante – porque a él no le
gustaba-, y solamente cuando le servía el postre, que era flan con dulce de
leche, y que a él le gustaba solamente si se lo hacía ella.
Después
de aquel suceso tan trascendente y que impactó a todos los testigos- es decir
media hora después-, Rodríguez Villavicencio comenzó a escribir las primeras
palabras de lo que podría considerarse su Prólogo
a las Obras Completas, lo que indica a las claras que ya tenía en mente
todo lo que iría a escribir más tarde.
En
virtud de la publicidad generada por El Soneto, a los once años se le otorgó
una beca de un mes para estudiar en
París, oportunidad en que aprovechó para visitar Tánger, Marruecos, Grecia,
Albania, Alemania, Suecia, Finlandia, Afganistán e Italia.
A
los trece fue Master en Literatura Pornográfica, y a los quince,
exhausto, comenzó a graduarse como Profesor Eminente en Literaturas Anglosajonas en Londres, en
Filología en Alemania, en Semiótica en Italia, en Fisiología de la Palabra en
Francia, en Hermenéutica en Estados Unidos, en Lenguas Vivas en la callecita de
Hamburgo.
Actualmente
dicta cursos de posgrado en Princeton, Connecticut, Detroit, Albuquerque,
Yokohama, Berlín y Viena, explicando qué quiso decir en aquel soneto, escrito a
los nueve años.
tomado de "Biografías apócrifas" de El Quía
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