sábado, 11 de agosto de 2012


 MOMENTO TRASCENDENTAL





Holmes Rodríguez Villavicencio escribió su primer soneto a los nueve años, de una sola vez y para siempre, rodeado de tres de los más insignes narradores, ensayistas, dramaturgos y poetas de la generación más renombrada y tenida por la más sublime en los barrios más cultos y conocedores de Montevideo, es decir, por La Gente Que Nunca Se Equivoca.
Usó, el niño, una hoja de papel que le cedió uno de ellos, que era pintor abstracto- impresionado, según dijo  desde entonces, y por años después, en un reportaje en tevé difundido en horarios centrales, resumen de todo lo dicho desde entonces en revistas, diarios y semanarios, por la mirada profunda y luminosa con que la solicitó-,  y la birome que le prestó el otro de los presentes, escultor en hierro y chatarra, que estaba seguro- como comentó después y para siempre  en una entrevista para la tevé europea y que después fue recogido, ampliado y revisitado en una extensa autobiografía prologada por cuatro ministros de la Educación y La Cultura- que de allí saldría- sin lugar a dudas-, una obra maestra.
El tercer integrante de los testigos era el propio padre de quien después, con el correr de los meses, sería nada menos que Rodríguez Villavicencio, y  en ese momento siempre recordó- en los reportajes a seis semanarios de la órbita sudamericana y mundial y también en las reuniones familiares restringidas, es decir, en aquellas en que podía hablar libremente de su hijo con la seguridad de que sería cabalmente entendido- que las palabras del futuro escritor fueron Voy a escribir un soneto, así, sin ripios innecesarios y en presencia de tres  monumentos del arte del país  por padrinos, como si fuera fácil pensarlo, atreverse, decirlo y escribirlo y nada menos que de un tirón.
Pero tampoco era tan imposible, porque el niño- poeta era nieto de un Senador y bisnieto de un Diputado.
Demás está decir que todo esto fue amplio campo de investigación y profundización por parte de periodistas, profesores y estudiantes y aprendices de locución periodística y objeto de material para Ensayos sobre El Arte, Los Artistas, Lo Bello, Lo Profundo, y Filosofía del Arte, hasta formar una vasta Biblioteca que fue, del mismo modo, vastamente ignorada por las Universidades europeas, no obstante haber sido llevadas hasta allí por Senadores y Diputados amigos de los padrinos del niño.
A menos de tres metros del lugar, en aquel momento mágico, sentada en un puff, estaba la madre, fumando un  Malrborough- como después y hasta su fallecimiento a los  108 años siguió contando cada vez que se lo pedían (y si no también), en todos los medios de prensa y en todas las conversaciones con quien quiera que fuese y sin aviso previo-, justo el día en que estrenaba un  palazzo color frambuesa y cuando terminaba de mirar un cuadro de Picasso  del período azul – que no recordaba bien cuál era, dado que ella tenía varios porque su padre y su abuelo siempre habían sido pintores y habían estudiado con los más notables Maestros de aquí y de todas partes y ella, de niña, se había sentado en las rodillas de todos ellos y recordaba, enfáticamente , que todos ellos eran  a- mo- ro- sos,  -fue entonces cuando sintió en el aire como un yoqueséqué y lo miró a su Niño, porque pensó Nunú va a hacer algo grande ahora. Y que conste que ella lo llamó siempre Nunú, pero después que él escribió aquel soneto ma-ra-vi-llo-so solamente se lo decía si era que no había testigos delante – porque a él no le gustaba-, y solamente cuando le servía el postre, que era flan con dulce de leche, y que a él le gustaba solamente si se lo hacía ella.
Después de aquel suceso tan trascendente y que impactó a todos los testigos- es decir media hora después-, Rodríguez Villavicencio comenzó a escribir las primeras palabras de lo que podría considerarse su Prólogo a las Obras Completas, lo que indica a las claras que ya tenía en mente todo lo que iría a escribir más tarde.
En virtud de la publicidad generada por El Soneto, a los once años se le otorgó una beca de un mes  para estudiar en París, oportunidad en que aprovechó para visitar Tánger, Marruecos, Grecia, Albania, Alemania, Suecia, Finlandia, Afganistán e Italia.
A los trece fue Master en  Literatura Pornográfica, y a los quince, exhausto, comenzó a graduarse como Profesor Eminente  en Literaturas Anglosajonas en Londres, en Filología en Alemania, en Semiótica en Italia, en Fisiología de la Palabra en Francia, en Hermenéutica en Estados Unidos, en Lenguas Vivas en la callecita de Hamburgo.
Actualmente dicta cursos de posgrado en Princeton, Connecticut, Detroit, Albuquerque, Yokohama, Berlín y Viena, explicando qué quiso decir en aquel soneto, escrito a los nueve años.


                                         tomado de "Biografías apócrifas" de El Quía

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