Hirió ladrón que le robaba la casa: va a la cárcel y debe pagarle US$24.000
La Justicia de Salto se expidió contra un hombre al que un delincuente le robaba su casa, le disparó, lo hirió gravemente y ahora, cinco años después, el dueño de casa marcha a prisión y debe pagarle al ladrón US$24.000
Lunes 12 de noviembre de 2012 | 11:54
Saltó un portón y después una reja, con claro objetivo de robar.
El dueño de casa no dormía: era retirado militar, sacó una pistola, salió de la casa y dio la voz de alto: el ladrón trepado al muro no hizo caso. Un tiro al aire. Ahí aparecen dos versiones: el ladrón dice que huía, mientras el dueño de casa dice que se le avalanzó encima.
El asunto fue que un segundo tiro acabó con el problema. En principio. El ladrón alcanzado en la espina dorsal ha quedado paralítico de ambas piernas. Pero su agresor ahora va a la cárcel y debe pagarle una indemnización por las lesiones de US$24.000.
Un expediente difícil de alcanzar
Según publica el diario salteño “El Pueblo”, las circunstancias establecidas en el expediente han sido harto difíciles de conseguir para sus periodistas. La Jueza Raquel Gini, entendió necesario consultar a las partes involucradas, antes de que la prensa hiciera público lo que estaba ocurriendo, el ladrón ahora lisiado y su familia entendían que se podía afectar su intimidad.
En cuanto a la sentencia, el ex militar que baleó al ladrón fue procesado por “lesiones gravísimas”, en tanto tuvo “concurrencia de culpas”, “reacción desmedida”, y generó “daño moral”, según conceptos de la sentencia.
El Banco de Previsión Social en tanto, paga el ladrón una pensión por discapacidad, desde mayo de 2008, por estar incapacitado “absoluta y permanentemente para todo trabajo”.
Acá es donde uno se pregunta si las Leyes que gobiernan la convivencia de este país no estarán pensadas para la custodia, salvaguarda y preservación de la estirpe de los delincuentes.
Si un ladrón entra a mi casa, no me advierte: lo hace por sorpresa, y con la intención de apoderarse de lo que no le pertenece. Y si yo no lo advierto, consuma su intención.
Si está armado y yo aparezco, nada le impide disparar y herirme o matarme. En la posibilidad de que fuera capturado, procesado y condenado- asistido por abogados que le procuran celular, TV, computadora, visita conyugal y salidas transitorias-, una visita de cárceles, con buena conducta, lo pone en la calle nuevamente en unos tres o cuatro años, sin que se le descuenten los cohchones quemados.
Pero, por ley, si yo lo advierto- y estoy armado- debo hacer previamente un disparo intimidatorio. ¿Por qué?
Porque es lícito que él, el invasor, me dispare sin previa advertencia, pero no que lo haga yo, que soy el invadido. Si mi disparo lo hiere y queda fìsicamente impedido, deberé pagar una gruesa multa por indemnización. Si lo mato, el Juez me procesa por homicidio, de la misma manera que si le hubiera disparado fuera de mi casa y sin motivo justificado.
Al invasor de mi hogar lo protegen los Derechos Humanos. A mí, no. Matar a un delincuente me expone, en la cárcel, a que me asesinen subrepticiamente.
Siempre me matan, me matan/ siempre me matan decía Nicolás Guillén.
Y no analicemos la situación de que el agresor sea menor, porque en ese caso deberé recibirlo con alegría, permitir que me robe, y servirle la merienda y la cena, antes de que me mate, sin culpa y sin detención psible, porque, bueno, ¡es menor!
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