-Lo
nuestro es superior a lo de ustedes- dijo el sacerdote evangelista al
católico-: nosotros podemos casarnos y tener hijos, porque Jesús no lo condena
sino que lo permite.
-Jesús
es sabio- contestó el católico-, pero el Papa es más comprensivo. Tendremos,
sí, algún mal pensamiento, pero ¡qué tranquilidad, mi viejo! ¡qué tranquilidad!
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